Escuela invisible

Pere Monràs • lunes 30 mayo 2016

escola invisible

Nos preguntamos cuál es el contexto social, político y económico al cual la escuela debe dar hoy respuesta. También nos preguntamos si, después de cuatro siglos, la razón nos es suficiente por sí sola. Podemos decir que si la percepción nos permite detectar mejor las múltiples diversidades del entorno y aprender a verlas, no como extrañas a nosotros sino precisamente como normales, tal como vemos en la naturaleza, tal vez podemos aceptar que esta es la principal fuente de conocimiento (e incluso de conciencia). Si somos capaces de percibir de la forma más amplia posible las razones e interrelaciones del entorno, la razón podrá acertar más en su comprensión de la realidad porque dispondrá de más variables. Veremos cómo, estudiando las relaciones entre las cosas, se entenderán mucho mejor las mismas cosas. Comprenderemos entonces, que las personas son sujetos y no objetos. Personas no antropocéntricas, personas en continua interrelación. Una interrelación cósmica.

Cómo adquirir, ampliar y aumentar el grado de percepción de lo que nos rodea para ampliar el campo de eficacia y efectividad de la razón?

Hay que decirlo y decirlo bien alto: no será gracias a la razón sino mediante todas aquellas características y potencialidades de que disponemos y usamos poco. Estamos hablando, en definitiva, de nuestros recursos ociosos. Hemos desarrollado mucho las ciencias pero si estimulásemos también nuestras capacidades artísticas y trabajáramos el diálogo con nuestro cuerpo, escuchándolo y entendiéndolo … Sumaríamos capacidades? Quizás era lo que Sócrates quería decirnos con el “conócete a ti mismo”.

¿Lo hemos probado? Hemos encontrado en las vivencias, en las experiencias, en las transgresiones hechas para experimentar algo, una conciencia de lo que es nuestra existencia? Y a la razón, qué le ha pasado cuando esto ha sucedido? Queda descolocada? Pues entonces vamos bien. Hemos tenido elementos de ampliación de nuestra percepción y le hemos dado a la mente, razones que la razón no entendía (Pascal). No dejó dicho Albert Einstein que el amor es la energía más potente que todavía no la podemos explicar? ¿Por qué escondemos el amar y lo dejamos exclusivamente para nuestros íntimos? ¿Nos da vergüenza?

La escuela de hoy debe ser pensada desde el amor, no sólo desde la razón. Lo creemos firmemente. Y hacerlo desde el convencimiento de que todo el sistema lo reclama. El clamor viene en forma variada y a veces confusa: el fracaso escolar, el aburrimiento del alumno, el aula como espacio cerrado, los exámenes-juicio, las asignaturas sin sentido, la desconexión de la vida real (no decimos mercados ), el profesorado especializado que cree que va más allá del maestro, la escuela “estructura” que hay que amortizar y no se puede cambiar, la lejanía de la responsabilidad de educar de todos, enseñar a los que no saben en vez de aprender todos juntos, la competitividad contra los otros y no con los otros, los diálogos de contrarios y no complementarios, la memorización de cosas obsoletas … Por no hablar de la falta de experimentación, renunciando al método de ensayo y error, del error de no cometer errores o esconderlos, de la inexistencia bastante generalizada de un humanismo radical, de incentivar el empleo y no la generación de oportunidades…y culminando todos los desastres: la extensión del mobbing o acoso escolar, la pederastia por parte de los que esperamos sean referentes y de la inhibición de muchos padres de su tarea de educadores (que dicen que pagan para que les eduquen a los hijos). La máxima expresión de este desbarajuste es el escaso compromiso de la sociedad, inhibiéndose de la corresponsabilidad de dar cobijo y ejemplo y, de hecho, para aquellos que lo intentan, pensar que la escuela cambiará la sociedad (aunque lo necesitamos) sin prestar atención que es la sociedad la más influyente para poder cambiar el sentido de la escuela. No se trata de delegar a los poderes públicos o la administración una tarea tan importante e indelegable. Podrán, en todo caso, cambiar los planes de estudio y los esquemas curriculares … y no mucho más. No podemos pasar la responsabilidad de los cambios en la escuela, sino que es la sociedad la que debe promover el cambio.

De hecho, parece que lo que se haga sea para no cambiar nada, pero que lo parezca. Y quizás lo hacemos porque no conocemos las preguntas a las que hay que dar respuesta. Nos las han cambiado. Sabíamos las preguntas y no queremos o no podemos reflexionar para hacernos las preguntas que hoy son un clamor y no nos atrevemos a leer. A veces las colas de gente se hacen donde dan mentiras reconfortantes y no verdades incómodas. Eso o tal vez se trata de no querer escuchar la verdad porque no se quiere que las ilusiones propias queden destruidas (Nietzsche).

La respuesta que suelen dar es: no tenemos tiempo.

Entonces, ¿qué hacemos de “nuestro” tiempo?

Quién nos lo roba o a quién se lo damos?

Sin estudio y contemplación, sin reflexión para llegar a las preguntas de ahora vamos directos al abismo.

 

No hay que nublarnos por el hecho de no saber hacia dónde vamos:

Propongámonos seguir a nuestros niños y jóvenes.

Vemos y observamos hacia donde quieren ir.

Facilitemos que puedan llegar

Y eso tiene un nombre.

La escuela invisible *
No se ve, pero está.

* La escuela invisible es un proyecto educativo propuesto por la Escuela Joviat de Manresa a partir de una propuesta formulada en Espora 3C